LA HABANA — El gobierno de Cuba ha vuelto a poner bajo la lupa la política exterior de la Unión Europea (UE), acusando al bloque comunitario de mostrar una clara «falta de independencia» al alinearse de forma reiterada con los dictados y presiones de Washington en lo que respecta a la isla.
Las declaraciones de la cancillería cubana surgen como respuesta a los recientes debates y enmiendas promovidas dentro del Parlamento Europeo que buscan condicionar o suspender el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC) vigente entre la UE y La Habana.
El núcleo de la queja: soberanía vs. presión trasatlántica
Desde la perspectiva del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, las posturas más críticas de Bruselas no nacen de una agenda europea genuina, sino que actúan como un eco de las sanciones y el embargo económico impuesto por los Estados Unidos. Para las autoridades de la isla, el hecho de que el bloque europeo ceda ante sectores conservadores que exigen mano dura contra Cuba demuestra que la UE:
- Carece de autonomía para formular una política exterior propia hacia América Latina sin la tutela de Washington.
- Utiliza dobles raseros al invocar la defensa de los derechos humanos como un arma política, mientras obvia el impacto que el bloqueo estadounidense tiene sobre la población civil cubana.
- Viola los principios de reciprocidad y no injerencia en los asuntos internos que se pactaron originalmente al firmar el acuerdo bilateral de cooperación.
Un frente dividido en el Viejo Continente
A pesar de las fricciones institucionales, Cuba también ha querido matizar que Europa no es un bloque homogéneo. Recientemente, representantes del gobierno cubano y diputados de la Asamblea Nacional expresaron su agradecimiento a más de una veintena de eurodiputados de diversas facciones de izquierda y progresistas que, en las sesiones plenarias de Bruselas, alzaron la voz en defensa de la soberanía de la isla y condenaron el bloqueo norteamericano.
Para La Habana, estas divisiones internas demuestran que la subordinación a EE. UU. genera tensiones dentro de la propia Unión Europea, donde coexisten sectores que defienden un «compromiso constructivo» y el comercio libre, frente a aquellos que impulsan la ruptura total alineada con la agenda de la Casa Blanca.
Por el momento, Cuba mantiene su postura firme: el diálogo con Europa sigue abierto, pero únicamente bajo condiciones de igualdad soberana, rechazando cualquier tipo de tutelaje o condicionamiento que intente debilitar su sistema político y económico.



